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miércoles, 17 de julio de 2013

Disciplina: La técnica de “Hacer una Pausa” para llegar al Corazón


Las Sagradas Escrituras hacen hincapié en que el interés principal de Dios es llegar al corazón de las personas, al origen de las emociones. Ante una mala conducta, los padres de familia sabios van más allá de la conducta, van al origen de lo que está sucediendo, a un nivel más profundo. Se trata pues de las actitudes y las motivaciones del niño.

El empleo de esta técnica, en otras palabras consiste en enseñarle a los niños a concentrarse en sus corazones, en sus emociones, entonces ustedes podrán verlos hacer ajustes de su actitud, no sólo del cambio de su comportamiento. Usted llegará a la raíz de la desobediencia o de la falta de madurez y les ayudara a hacer cambios que les servirán a los niños para toda la vida.


“Hacer una pausa” es sacar al niño de una situación o actividad inmediatamente después de que el niño ha tenido una mala conducta. Esta regla es útil y pues el niño es instruido para “tomar un descanso” y reflexionar sobre sus emociones. El lugar para hacerlo debe ser  un lugar alejado de cualquier actividad o estímulo. El niño permanecerá allí sin hablar con nadie hasta que esté listo para regresar a hablar con sus padres. El padre tampoco debe dialogar con el niño hasta que el niño está listo para hacerlo. Cuando el niño esta allí, los beneficios de la vida en familia se suspenden mientras el niño está trabajando y reflexionando con sus emociones (con su  corazón). “Hacer una pausa” le da tiempo al niño, bajo la orientación de los padres, a determinar cuándo tiene que volver y hablar sobre el problema. Cuando se utiliza correctamente, “Hacer una pausa” puede ayudar a que los niños miran más allá de su conducta y vean la necesidad de permitir a Dios trabajar en sus corazones.

“Hacer una pausa” no es el mismo que esperar aislado por un tiempo. Muchos tienen dificultad con este tiempo de espera y por buenas razones. Por lo general, el tiempo de espera es un término usado para aislar a un niño como castigo por hacer algo mal mediante el simple envío de ese niño a un lugar por un periodo de tiempo determinado. Se trata de "un castigo por aislamiento" y puede ser contraproducente para el proceso de disciplina. Esperar que los niños resuelvan sus problemas por sí solos no es realista. Más aún, el aislamiento puede parecer que fuerza a los niños a estar alejados del amor de los padres. Por ello “Hacer una pausa” es una técnica mucho más valiosa, ya que, si se hace correctamente, se concentra en las emociones y el corazón.

El objetivo de “Hacer una pausa”  es que el niño experimente el arrepentimiento. Hacer una pausa les enseña a los niños una visión más exacta de la realidad. Existe un Dios que es amor y que odia el pecado. Cuando sus hijos le desobedecen, experimentan la separación como una consecuencia natural de la desobediencia. Dios amorosamente espera a que vuelvan a él con su confesión y su arrepentimiento.

"Hacer una pausa" proporciona la motivación para arrepentirse al permitir que el niño experimente la sensación de quedar excluido de la participación en la vida familiar. Los padres pueden obligar a un niño a cambiar sus acciones, pero no pueden obligar a cambiar su corazón. Los padres pueden, sin embargo, motivar a los niños a cambiar. Debido a que la separación puede motivar el arrepentimiento, Hacer una pausa puede ser útil como parte del proceso de disciplina en lugar de ser visto simplemente como una consecuencia.

A través del principio de la separación, los niños aprenden que una persona no puede disfrutar de los beneficios de la familia sin respetar los principios que la hacen funcionar. Los padres, mientras comunican su amor incondicional, les enseñan a sus hijos que la separación es la consecuencia natural de la desobediencia.

Un aspecto importante de “Hacer una pausa”  es que el niño ayuda a determinar la cantidad de tiempo que pasara en el lugar donde estará. Dado que el arrepentimiento es la meta, es difícil para los padres saber cuándo un niño está listo para volver. Volver demasiado pronto luego de tomar una pausa puede causar un corto circuito sobre lo que Dios quiere hacer. Permanecer demasiado tiempo también puede causar desánimo innecesario. Los padres deben ser capaces de discernir por las expresiones de la cara en el niño, por la postura y por su tono de voz si el arrepentimiento ha tenido lugar, o al menos que sus emociones se han descargado para que el niño pueda seguir adelante en el proceso de disciplina.

Cuando se “Hace una pausa” el niño permanece en el lugar de descanso hasta que se haya calmado y esté listo para hablar sobre el problema. El niño regresa entonces a sus padres y es más fácil llegar a la llamada “Conclusión Positiva”, que es una discusión sobre lo que salió mal y lo qué se debe hacer diferente la próxima vez. 

Esta es una diferencia fundamental entre el modelo de “Hacer una pausa” y lo que se practica a menudo en el tiempo de espera aislado. La longitud de tiempo que un niño elige para “Hacer una pausa” no es importante excepto en lo que se refiere a las necesidades del niño. Con frecuencia todo lo que se necesita es un recordatorio y el niño está listo para entender sus emociones, cambiar su corazón y volver a discutirlo. En algunos casos, el hacer una pausa es breve, dura sólo unos pocos segundos. Otras veces, a causa de la terquedad, puede tardar más de veinte minutos o varias horas. En cualquier caso, se recomienda que el niño sea el que decida cuando la hora de la pausa haya terminado.

Hacer una pausa puede ser usado en su familia

Desde un punto de vista muy práctico, "Hacer una pausa" puede ser una excelente manera de hacer frente y corregir la mayor parte de los casos que suceden día a día con los niños. Puede convertirse en la técnica de disciplina principal que se utiliza en una familia para ayudar a los niños a cambiar. Para el niño de tres años de edad que grita de frustración, para el de siete años de edad, que continuamente interrumpe y para el de trece años de edad, quien se burla sin descanso, todos necesitan entender por qué sus acciones son incorrectas y ver la necesidad de cambiar sus emociones o su  corazón, así como sus hábitos de comportamiento.

Al principio, los niños se resisten a “Hacer una pausa”. Algunos no quieren alargar el proceso de disciplina, sino que tratarán de acabar de una vez con demasiada rapidez. Estos niños están en peligro al tratar de modificar su comportamiento sin arrepentimiento. Es importante que los niños aprendan a “Hacer una pausa” y asegurarse de que su corazón está respondiendo correctamente antes de pasar a la solución.

Los niños pueden tratar de salir antes de que estén listos o pueden moverse definitivamente fuera del lugar donde se les dijo que se sentaran. La responsabilidad de los padres es enseñar a los niños que deben obedecer. Un padre puede impedir que un niño se mueva del lugar sosteniéndolo con firmeza o devolviendo al lugar correcto. Estas acciones se realizan con pocas palabras a fin de no alentar la rebelión, dándole atención a la situación. Los padres tienen que ganar en estas situaciones con el fin de lograr que el “Hacer una pausa” se constituya en una disciplina efectiva en el futuro.

Incluso niños de tan sólo tres o cuatro años de edad, que no son capaces de entender la palabra "arrepentimiento", pueden entender que tienen un corazón blando y eliminar la rebeldía de sus corazones. El primer paso del arrepentimiento es simplemente que el niño se calme, deja de luchar, y esté listo para trabajar en el problema. Los niños mayores son capaces de procesar lo que salió mal y volver a los padres con un plan específico para saber cómo hacerlo bien la próxima vez. En esencia, los niños pueden utilizar el “Hacer una pausa” para sentar cabeza, así ellos se dan cuenta que han hecho algo mal y están dispuesto a cambiar.

A veces los niños, especialmente aquellos que están aprendiendo a “Hacer una pausa”, quieren volver antes de que estén listos, u optan por permanecer allí por más tiempo del necesario. El padre entonces debe ayudar a estos niños a procesar sus emociones y aprender a iniciar la conclusión del proceso de disciplina apropiado.   En estos casos puede ser apropiado tener un niño que se siente en el lugar de descanso al menos cinco minutos. El énfasis en "al menos" es importante, ya que puede tomar más tiempo que eso. El niño tiene que evaluar su disposición a volver.


Es más beneficioso “Hacer una pausa” y tomar una “Conclusión Positiva, pues no solo ayuda a determinar la preparación del niño, sino que también lo ayudan en el proceso de atender un mal comportamiento o una ofensa de manera sabia. Al enseñar a sus hijos a “Hacer una pausa”  y entender el arrepentimiento, usted les está dando un valioso regalo que durará toda la vida.

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